jueves, 15 de mayo de 2014

8. No es la primera vez que...



Maica estaba en su casa, una pequeña que había encontrado en las afueras a buen precio. Vivía sola pues sus padres no habían sabido aceptar la condición de su hija, igual que tampoco habían aceptado la de su tío, el hermano de su madre, de quien ella sacó sus dones y al que ni si quiera conoce. Cogió la taza de té que acababa de prepararse y se acercó a las puertascorredizas de cristal que daban a un pequeño jardín, mas no las abrió ya que el frío empezaba a hacerse más vigente cada día.

Con su taza azul accua en la mano se quedó enfrente de la puerta, mirando el exterior y las pequeñas estrellas que adornaban el cielo podían apreciarse en aquella zona lejos de la contaminación automovilística.

En un momento dado, y de nuevo, vio a aquel chico entre los arbustos de su pequeño jardín. El modo en que la miraba la puso fúrica. La estaba retando, y le divertía hacerlo, su sonrisa lo denotaba. La rubia enseguida dejó su taza en una mesa cercana y abrió la puerta de par en par para salir, pero allí ya no había nadie.

-No me dan miedo las ratas como tú- escupió, sabiendo que él la estaba oyendo.

~

Un parque muy verde, una niña pequeña jugando con su pequeño vestido moviéndose al son del viento, un lanzamiento lejano con muy mala trayectoria, un chico rubio que detuvo esa pelota justo antes de que me golpeara y que me miró con sus ojos imponentes. De golpe un hombre lo tergiversa todo, coge un bolandas a la niña y se la lleva mientras esta llora desesperada pidiendo volver con sus padres.

Me desperté sobresaltada, sentándome de golpe en la cama, encontrándome con Ji sentado en la misma cama frente a mí. Gracias a mi sobresalto habíamos quedado cerca, a una proximidad que me ponía los vellos de punta.

-Lamento mucho el susto-dijo con una sonrisa torcida.- pero te veía muy inquieta. ¿Soñabas?

-Recordaba- le corregí. Aunque la parte del angustioso secuestro sí era producto de mi imaginación ahora atormentada – Te conozco de antes ¿verdad? Esta no es la primera vez que nos vemos.

-Desde luego soñabas.

-¿No eres tú el chico que paró una pelota que iba directa a mí cuando yo era pequeña? En un parque cercano a mi casa, cuando yo aún tenía a mis padres a mi lado.

-Impresionante…-de nuevo esa sonrisa torcida.- Recuerdas la primera vez que me viste.

-¿Has estado tras de mí siempre?

-No tras de ti. Eso suena verdaderamente mal- puso una mueca mientras se alejaba un par de centímetros- simplemente cuidaba de ti. Al menos hasta que Dan te llevó con él y borró de ti todo lo que pudiera ser identificable.- suspiré. ¿Cómo podía haber estado todos estos años sin saber nada de la verdad? Ahora que me lo estaban empezando a esclarecer todo me daba cuenta de que había sido una mentira de lo más absurda y estúpida. – Ahora será mejor que descanses.

-¿Y qué pasará mañana?-cuestioné cuando él estaba llegando a la puerta de la habitación en la que me encontraba.

-Tú tranquila. Confía en mí.- Que harta estaba de esa frase.

-¿Cómo quieres que confíe en ti?- le cuestioné de nuevo pero esta vez levantándome de la cama, algo ofuscada sinceramente. - ¿Cómo quieres que confíe en una persona, el nombre de la cual, me he de enterar por otra persona? – él suspiró y volvió a acercarse a mí.

-No lo he hecho porque el nombre, para mí, es algo superfluo. ¿El nombre define a una persona? No, un nombre no es nada, no define a las personas. A una persona la definen sus actos y sus palabras. En el mundo en el que acabas de descubrir que estás, es algo peligroso dar el nombre, a no ser que tengas a alguien que te cuide. Así que tú puedes dar tu nombre tranquilamente.- suspiré yo esta vez y le miré, desconfiada.- Voy a demostrarte que puedes confiar en mí. Me lo voy a poner como un reto- dijo sonriendo, a su manera.- ¿Me vas a dejar?

-Por mí puedes empezar mañana mismo.

-Buenas noches- depositó un suave beso en mi frente antes de salir de la habitación. Su comportamiento me echaba para atrás pero por algún extraño motivo quería dejarle estar conmigo

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