viernes, 9 de enero de 2015

18. dυlce deѕperтar



Notaba un ardor acompañado de picor en la zona de la espalda, pero sabía que no podía rascarme ni nada por el estilo, ya que las heridas podrían abrirse y entonces sí que iba a ser doloroso. Notaba unas suaves caricias en mi cabello, tremendamente tranquilizantes y apacibles, todo eso sumado a la mansa situación que te abruma cuando te acabas de despertar. Abrí los ojos lentamente y al mirar arriba los ojos de Ji cazaron a los míos con la intención de no dejarles escapar. Fue entonces cuando me percaté de que la almohada que estaba utilizando eran las confortables piernas de Ji.

-Buenas tardes- saludó dulcemente apartando su chaqueta y dejándola tras él.

-¿Tardes?- cuestioné aún soñolienta.

-Las siete, más específicamente.

-¿Cómo he podido dormir tanto?

-Anoche te costó así que Angelique tuvo que hacer uso de unos tranquilizantes que por lo visto funcionan pero que muy bien…

-Dios…- puse mis dos manos en mi cara para empezar a masajear mis sienes.

-No me irás a decir que sigues con sueño ¿verdad?- sonreí.

-No, tranquilo.- iba con la intención de levantarme pero él no me dejó.

-¿Qué prisa tienes? ¿Acaso no estás cómoda?

-Eh… sí, pero pensé que tú no.

-Créeme, lo estoy.

~

Ana estaba preocupada, había intentado llamar a _____ varias veces y ésta no le contestaba, al igual que Maica. Mientras salía de su extraescolar de música intentó de nuevo hacer las llamadas, con el mismo resultado. Mientras caminaba chocó con alguien que no esperaba.

-Hola de nuevo- saludó el moreno sonriente.

-Vaya- sonrió la castaña de la misma manera – Hola Taeyang.

-¿Ibas hacia la parada del autobús?

-Pues sí.

-Permíteme acompañarte entonces. – desde luego el moreno sabía disimular.

-Oye… ¿Qué le pasa a tu prima? Está desaparecida.

-Lo que está es bastante enferma y en cama. No te lo puedes imaginar tose de una manera que aterroriza.

-Pobre… - se apiadó- ¿podría ir a visitarla?

-¡No!- la castaña se asombró de la reacción de Taeyang.

-Es que es muy contagioso, tampoco queremos que tú te enfermes.

-Oh… bueno.

-Cuando puedas ir a visitarla prometo avisarte. Mientras tanto… ¿Te conformas con su primo? –ella tan solo asintió avergonzada. Vaya si se conformaba.

~

Desung estaba un nudo enorme en la garganta. Ahora mismo estaba en la puerta de su despacho. ¿Cómo se supone que iba a decirle que había fallado en su misión? Él era su favorito y le había fallado. Desde luego la rubia le debía una, una enorme y tenía clarísimo que se la iba a devolver. Ella y Daesung tenían un asunto pendiente. Ahora el rubio estaba fúrico con ella.

17. eѕ algo qυe deвeѕ aprender



-_______, tan solo hay dos opciones.-le miré atentamente- una es que tú te quedes aquí y yo vaya a ayudar a los demás, cosa que no me convence porque vendrían por ti… así que solo nos queda la segunda. –abrió su chaqueta para sacar una especie de mango, apretó un botón y de éste salió una hoja traslúcida con un aspecto muy peligroso.- tienes que venir a ayudarnos.

-Ji yo no sé barajar con todo esto.

-Déjate llevar, lo llevas en la sangre. Lo harás bien.- extendió el arma hacia mí, yo la cogí con la mano temblorosa. Él puso sus dos manos sobre la mía- te sorprenderás a ti misma, y con el tiempo lo harás cada vez mejor, estoy seguro. Voy a estar ahí para ayudarte. Tú no te separes de mí.- Antes de que pudiera decir nada me llevó hasta donde todos estaban, bueno, los pocos que quedaban intentando combatir a aquellos horrorosos seres.

Me encontraba en el centro de todo, observándolo como si a cámara lenta pasara. Los seres oscuros intentaban por todas las maneras acabar con Ji y sus compañeros, pero ellos se movían con una agilidad impresionante. Yo daba pasos hacia atrás sin quererlo, el miedo controlaba mis actos y pensamientos.

Noté como me levantaban por los aires y me lanzaban contra una de las mesas, la cual tenía vasos de vidrio encima, que se rompieron en fragmentos de todos los tamaños, algunos de los cuales se me clavaron en la espalda. Me levanté como pude, empezando a notar la calidez de la sangre en mi espalda. La _____ de siempre se hubiera quedado allí, hecha una bola esperando el siguiente golpe y todos los que quisieran venir a continuación, pero una ira irrefrenable y totalmente desconocida para mí me obligó a levantarme e ir directamente en contra de aquel horrible ser e incrustar la transparente hoja en el centro de su torso, provocando así una intensa luz negra por parte de aquella figura que desapareció instantes después.

~

-Chica acabas de salir de una herida y ya te has metido en una mucho peor- casi me reñía Angelique mientras me curaba las heridas, superficiales por suerte, de la espalda. – pero tuviste muchas agallas al hacer lo que hiciste. Fue realmente admirable.

-Si te soy sincera no sé ni de dónde saqué las ganas ni la fuerza.

-Menudos cambios chica.

-Si solo fue uno…-dije intentando menospreciar lo que había hecho. Ellos habrían acabado con muchísimos más, yo solo uno y de pura suerte. No creo que yo fuera quien debía ser el centro de atención.

-De los pocos casos que he visto como el tuyo tú has sido la más valiente. Deberías haber visto la cara de orgullo de Ji.- Oh sí, el pequeño detalle del desmayo justo después de matar a aquella cosa.

-¿Cómo los llamáis?

-Oscuros. Pueden ser denominados de muchas otras maneras- gemí al sentir el desinfectante en la herida que peor aspecto poseía- pero sin duda “oscuros” los define muy bien.

-Ya veo…

-Vas a tener que quedarte unos cuantos días en la cama. No quiero que salgas de aquí hasta que esto esté bien.

-¿Qué voy a hacer aquí enclaustrada?

-Ya le diré a Ji que te haga compañía- sonrió limpiando los utensilios y guiñándome un ojo.

-¿Eso va con segundas?

-¿Sabes? No voy a decirte nada. Así es más interesante.

-Os divierte ser crueles.

-Piensa esto- empezó diciendo mientras me ayudaba a levantarme de la camilla- es mejor serlo tú, a que lo sean contigo.

16. reтιro lo dιcнo


-¿Qué te parece el lugar?- mientras todos los demás conversaban con más personas en el bar Ji me había llevado a un sitio algo más apartado donde poder sentarnos a hablar tranquilamente sin que nos pudieran molestar, ni ellos ni su ruido.

-Es sencillamente impresionante.

-Apuesto a que nunca habías estado en un sitio así.

-Ganarías la apuesta- contesté mientras seguía mirando el lugar. Nos encontrábamos en una sala sin techo, gracias a eso podía ver las miles de estrellas en el cielo nocturno. Debía ser un truco, fuera no se veían ni la mitad.

-Me alegro de que te guste.- jugueteó un poco con sus dedos índice y corazón para después volver a mirarme- ¿Vas acostumbrándote a todo esto?

-Eso creo…

-Me gustaría decirte que te entiendo pero tampoco quiero mentirte.

-¿Siempre has sabido de tu condición?

-Sí- asintió como hablando de lo más natural y normal del mundo- no sé si decir por suerte o por desgracia. – se le veía realmente compungido. Yo me quejaba del giro brusco que mi vida había dado pero tal vez él lo había pasado peor que yo durante un período aún más extenso. Quizá yo no era quién para quejarme de mi vida.- ¿Tú qué opinas?- su pregunta me pilló por sorpresa. Quizá porque no me la esperaba por el contexto o quizá porque hacía mucho tiempo que alguien no se interesaba en lo que yo pensara.

-No lo sé… creo… que todo tiene su lado bueno y su lado malo.

-¿Tiendes a anclarte en el malo?- su mirada, su voz, todo en él era cada vez más intenso.

-Procuro no hacerlo.

-Yo hace tiempo que dejé de intentarlo- contestó bufando y volviéndose hacia atrás, rompiendo esa cercanía que hasta hace escasos segundos me abrasaba.- Sé que hago mal pero ya me es instintivo.

-¿Sabes que se dice que así solo se atrae a lo malo?- reprendí, intentando hacerle cambiar de opinión, cosa que dudaba, ya que más de una persona me había hablado de su profunda cabezonería.

-No creo que eso sea cierto. Es más, estoy convencido de que no es así.

-¿Qué es lo que te hace ser tan contundente?- cuestioné picada por la curiosidad.

-Que por fin he dado contigo y te tengo a mi lado…- una sonrisa se dibujó automáticamente en mi rostro. Eso significaba que le gustaba que estuviera con él y a mí ese hecho me encantaba. Estaba siendo uno de los mejores momentos de mi vida, me sentía cómoda y a gusto, además de otra extraña sensación que no me resultaba desagradable. Pero, para variar, todo se iba al traste. De la sala contigua empezaron a llegar, alertándonos enseguida.– Mierda…

-¿Qué se supone que está pasando?- cuestioné levantándome a la vez que él con la voz llena de miedo. Miré a través de la puerta y vi varias figuras moverse entre el gentío, que corría y huía asustado, mientras que los compañeros de Ji intentaban abatirlos. En un momento determinado uno de ellos se giró hacia donde nosotros estábamos y otra vez ese rostro. Volví a quedarme pálida. Ese rostro casi descompuesto, desencajado y lleno de ira asesina. Ji empezó a ponerse tenso y cogió mi brazo para acercarme a él y de esa manera poder protegerme, cosa que no me gustó nada, no en si por el gesto, sino porque sabía lo que significaba.

-Creo que vienen a por ti.- Sí, justo como pensaba.

15. cara a cara

-No me jodas… - pronunció en voz alta antes de que un golpe seco en la nuca lo hiciera caer inconsciente.

Lo que Daesung no pensó es que su antiguo techo soportado por vigas sería un escondite perfecto para la rubia una vez que ella se hubiera desatado, algo con lo que el rubio, no contaba. Había sido un fallo bastante tonto por parte del chico, sabiendo el poder especial que residía en Maica, supuso un grave y fatídico error el haberla subestimado. ¿Cómo no se le ocurrió pensar que ella no habría recibido una educación especial solo para poder mantenerse a salvo de cualquier tipo de peligro que la acechara? (Por muy atractivo que fuera)

La rubia enseguida salió de aquel apartamento y, aprovechando que la llave aún estaba en la cerradura, dejó a Daesung aislado allí para después salir corriendo de allí no sin antes esconder las llaves en uno de los muchos jarrones que en ese pasillo había.

~

-¿Dónde estamos?- había caminado con Ji y algunas personas más hasta ciertas calles que desconocía de mi propia ciudad.

-Te estamos llevando a un lugar desde donde no se escuchen tus gritos- se giró hacia mí con una mirada sombría que hizo que frenara mis pasos de golpe.

-Mira que eres idiota Ji- le reprendió Angelique cogiéndome de la mano, que ya estaba completamente curada gracias a ella.

-¡Vamos!- se quejó él- ¡es todo un clásico!

-Recuerdo que cuando te lo hicieron a ti no te gustó tanto- volvió a atacar la pelirroja, haciendo refunfuñar a Ji y reír a mí.

-Vamos Angelique, sabes que no haría nada que pudiera dañarla- el rubio apartó a la pelirroja de mí para pasar su brazo sobre mis hombros. Después de esto le dedicó una sonrisa cínica que hizo sonreír a la pelirroja de un modo extraño.

-Ya veo ya…

~

-¿Por qué estamos aquí? Este edificio lleva años abandonado- habíamos llegado a una zona que hacía años que no pisaba, y de la que tan solo breves imágenes tenía en la memoria.

-¿Aún no te lo has aprendido?-cuestionó Ji, quien aún me tenía cogida por los hombros.- Atiende.- Taeyang se acercó a la pared de la puerta, la cual estaba hecha de ladrillos. Uno de éstos, cuando el moreno se acercó uno de ellos empezó a resplandecer, Taeyang lo empujó y la puerta quedó levemente abierta.

-¿Cuántos edificios así hay en la ciudad?-le cuestioné.

-Te sorprenderías- ¿Por qué me quedaba tan estática y callada cuando él me miraba? No era capaz de articular palabra ni tan solo de apartar mi mirada de la suya. Me sentía fuera de mí, como si no pudiera controlar mis actos. Era frustrante, como si me controlara.

-¿Entráis o qué?- la voz de Jeffrey nos desconectó y obligó a pasar hacia dentro de aquel lugar que resultó ser una especie de bar.

-Solo para gente especial ¿eh?-pregunté paseando mi vista por el emplazamiento. El verde de las miles de planta dominaba, sumándole la luz de led del mismo color de cada maceta. Todo le daba un toque verdaderamente espectacular. Al final iba a acabar gustándome todo

14. “¿qυé тal ѕι…?”



Acabábamos de volver de ver a mis padres y yo ya estaba encerrada en la habitación. La situación me había chocado mucho. ¿Cómo unos padres no podían esbozar ni una simple sonrisa al ver a su hija después de tantísimo tiempo sin poderlo haber hecho? Sé que están débiles pero… tan solo pedía un “te hemos echado de menos”, “te queremos”… pero no. Cuando creía que por fin tendría una familia que pudiera llamarse normal, con unos padres que te dan mimos hasta que te hartas y les pides que te dejen en paz resulta que me siento más sola que al haber empezado con todo esto. ¿Quién me iba a decir a mí que podría incluso llegar a pensar que estando con Dan todo era mejor? Vale, era todo una mentira, sus palabras, sus actos, sus abrazos y dulzura… pero hasta que yo no supe la verdad todo era real para mí pero ahora mi vida como realmente era había venido dispuesta a darme dos bofetadas con la mano abierta y del revés.

-¿Vas a continuar mucho más?- dejé el cojín que tenía entre mis brazos a mi lado y miré a Ji, quién estaba apoyado en la puerta.

-¿Continuar con qué?- él bufó esbozando una sonrisa y auto invitándose a entrar y sentarse frente a mí.

-Mientes muy mal ¿Sabes?

-Tampoco me interesa saber. No quiero ser una persona hipócrita.

-Te dije que no te hicieras ilusiones.

-Y no me las hice, bajé el listón, muchísimo… pero no fue suficiente…

-No es que no te quieran…

-Apenas sonrieron…- él suspiró- pero… da igual. Creo que ha sido la impresión del momento- me levanté de la cama dejándole a él mirando la pared desde la silla donde se había sentado. Caminé hacia la mesa donde había una caja de pañuelos y cogí uno para quitar la humedad restante en mi rostro- Total. Estoy acostumbrada a esto. –confesé girándome hacia él nuevamente y metiendo mis manos en los bolsillos del pantalón.

-Pues va siendo hora de que te desacostumbres- se levantó de la silla y acercó a mí.- eso se ha acabado. Ahora me tienes a mí. ¿Aún tengo que demostrártelo?- cuestionó acariciando mi mejilla derecha y provocando que mi corazón empezara a latir como loco.

-No. Creo que ya está claro.- secundé esbozando una tímida sonrisa.

-Creo que te vendrá bien salir un poco.- al decir eso se apartó de mí, cosa que odié- si mal no recuerdo los chicos iban a salir esta noche. ¿Qué me dices? ¿Quemamos un poco la ciudad?

-Quemémosla

~

Daesung volvía a casa después de haber estado comiendo algo en una pizzería cercana con una chica a la que sabía que tenía en sus manos, pero a la que él solo quería para divertirse, como hacía con todas, solo que algunas le duraban más que otras ya que todas acababan igual, normalmente. Desaparecidas durante unos días y halladas muertas después. Él era un peligro andante y eso le encantada.

Entró en casa esperando encontrarse con la rubia un poco más enfadada aún, le encantaba molestarla y ver como se sulfuraba, le resultaba divertido. Al entrar encendió la luz y dirigió su mirada al sofá donde la había vuelto a dejar antes de marcharse pero, para su sorpresa, ella ya no estaba ahí.

-No me jodas… - pronunció en voz alta antes de que…

13. no era cóмo eѕperaвa


-¿Cómo son?- nos encontrábamos en el ascensor, rumbo a la planta catorce. La susodicha no aparecía en el panel numérico. Ji me había dado la espalda antes de pulsar el botón fantasmal, así que no sé cómo lo había hecho.

-Bueno… no sé qué es lo que estás pensando sobre ellos pero no te hagas demasiadas ilusiones.

-¿Hay algo sobre ellos que tenga que saber?

-No… no te los imagines como personas vitales o llenas de vida… Para nada.

-¿Qué sucede con ellos?

-Mira- se giró hacia mí cuando el ascensor se abría ante nosotros dejándome ver una planta con una iluminación cegadora. – Si están siempre aquí arriba es por algo. Es muy peligroso que salgan de aquí, pero al mismo tiempo cada día que pasan encerrados los debilita más. No hay manera de que estén completamente seguros en ningún lugar.- por lo menos… por lo menos estaban vivos.- ¿Vamos?- asentí.

~

-Repito, no quiero que te lleves una desilusión, no son lo que te esperas- mi mirada no podía apartarse de la manilla dorada que estaba posicionada en el centro de la blanca y pulida puerta con detalles a juego con la susodicha manilla. Mis padres estaban tras ella y yo a tan solo unos metros y segundos de conocerlos.

-Estaré bien- lo dije por tranquilizarle, ya que a estas alturas yo ya no sabía qué podría suceder. –La manilla bajó, activando la ranura de la puerta, que se abrió. Suspiré profundamente, cargada de nervios. Ji entró en la sala y después me dejó entrar a mí. Era un lugar completamente blanco, los muebles que había, todos del mismo color que la sala, apenas eran visibles entre tanta luz y color cal. Después de unos segundos pude empezar a atisbar dos enormes sillas, que más bien parecían hamacas.

-¿Lista?

-Sí- lo siguiente que noté fue cómo él cogía mi mano y la apretaba con fuerza, pero ni le miré, ni podía ni quería. Me ponía nerviosa mirarle directamente a los ojos y estaba demasiado concentrada en el momento que estaba viviendo. Empezó a caminar y yo le seguí hasta llegar enfrente de ellos. Estaban con los ojos medio cerrados, como si dormitaran. Tenían la apariencia de personas de unos cuarenta años, pero lo que desprendían era algo similar a una persona mayor anclada en una cama del hospital.

-Adam, Jena…- Ji los llamó, haciendo que ellos tan solo medio abrieran sus ojos- su hija está aquí. –los ojos de ambos, de un color grisáceo casi increíble.

-Adam… fíjate en nuestra pequeña…-su voz era la más leve y suave que había escuchado en mi vida, es más, hasta después de unos cuantos segundos no logré entender lo que había dicho.

-Ha… ha crecido muchísimo.- él más bien parecía haber estado fumando todo un día entero, no solo por su lenta vocalización, si no por su voz áspera y profunda. –Me alegra que la protejas muchacho, nosotros estamos totalmente incapacitados para hacer cualquier cosa.

-Lo siento- una voz a nuestras espaldas me sorprendió, se trataba de un hombre alto, de piel oscura y vestido de blanco- pero deberíais salir, no es bueno que estén expuestos a nada de fuera de esta sala demasiado tiempo. – No, desde luego no era como yo me había esperado. ¿Dónde estaban los abrazos y los besos de “te he echado de menos todos estos años”? El hombre no se movió, aquellas personas que decían ser mis padres no pusieron objeción ninguna, Ji rodó los ojos en dirección a aquel hombre que quería echarnos de la sala y puso su mano en mi cintura para llevarme de nuevo a la puerta para salir de allí.

-¿Estás bien?-preguntó mirándome.

-Sí- mi mirada estaba posicionada en el pasillo y sin decir o esperar nada más empecé a caminar dejando a Ji atrás. Lo que le había dicho, esa afirmación era una enorme mentira, yo lo sabía y él también

12. planeѕ caмвιados



Maica había sido citada por Ji para acompañarlos hasta el emplazamiento planeado pero al parecer alguien quería incluirse en el plan.

-Bienvenida a mi humilde morada preciosa. - el rubio sonrió con claro cinismo cuando vio que la chica empezaba a espabilarse. La tenía maniatada, tirada en el sofá de su pequeño y modesto apartamento. La rubia no tardó en fulminarle con la mirada en cuanto vió quién y cómo la tenía. - siento haber intervenido en tus planes pero... suficiente has intervenido tú ya en todo.

-¿Acaso crees que manteniéndome oculta en este cuchitril vas a impedir algo? que además no creo que vaya a estar mucho tiempo aquí. No tienes cara de ser demasiado agudo.- el rubio hizo una mueca mientras se sentaba en el sillón de enfrente y analizaba cada matiz de reacciones en el rostro de la rubia.

-Tu impertinencia tiene su lado bueno. Me gustan con carácter- dijo él alzando sus cejas.- Discúlpame, ni si quiera te he dicho cómo me llamo. Fallo mío. Soy Daesung- extendió su mano hacia ella, quien evidentemente no iba a poder responder- Oh cierto, discúlpame de nuevo- claramente estaba hablando con toda la sorna posible.

-Eres un completo patán Daesung.-ella no pudo evitar hablarle de una manera semejante a la suya.

-Di lo que quieras cielo, vas a tener que acostumbrarte. He de tenerte aquí un tiempo.

-Eso ya lo veremos- replicó ella.

-Si me disculpas voy a ir a dormir a mi habitación- se levantó del sofá, estirándose haciendo que su camiseta se levantara y sus abdominales marcados quedaran a la vista. –Tú… bueno, espero que el sofá te parezca cómodo- sonrió cínicamente de nuevo mientras la miraba de arriba abajo y se marchaba.

~

La situación había conseguido preocupar a Ana, quien estaba en las escaleras de la entrada del instituto, esperando a divisar a alguna de sus dos amigas.

-¿Buscas a _____?- Taeyang había decidido arriesgarse. Algo bueno tenía que tener el hecho de poder controlar que te vieran o no y él quería hacerlo para acercarse a la castaña. Ella se giró hacia el moreno, quien le quitó la respiración casi al instante.

-Eh… sí. Ayer se fue y… me dejó algo preocupada.

-Pues puedo decirte que está bien. No te preocupes.

-¿Eres algún familiar?

-Sí… soy su… su primo.

-No me había hablado nunca de ti.

-No somos primos demasiado cercanos- el chico estaba nervioso, nunca había sabido mentir, pero ella al parecer estaba creyendo lo que él le decía. Básicamente lo necesitaba, quería acercarse a ella y para eso necesitaba su excusa- Por cierto soy Taeyang. – extendió su mano hacia la castaña.

-Un placer, soy Ana- ella estrechó su mano con la de él pero enseguida la apartó- Me has dado calambre- se excusó sonriente. – Repercusiones de que un ángel tenga contacto con un humano, lo había oído, pero jamás comprobado.

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-¿Estás lista?- habíamos llegado a uno de los edificios más majestuosos de la zona antigua de la ciudad. Miré hacia arriba, viendo la pulida decoración de la torre que a su derecha se encontraba, según Ji, mis padres estaban en una de las plantas más altas.

-Sí. Estoy lista…- suspiré