viernes, 9 de enero de 2015

16. reтιro lo dιcнo


-¿Qué te parece el lugar?- mientras todos los demás conversaban con más personas en el bar Ji me había llevado a un sitio algo más apartado donde poder sentarnos a hablar tranquilamente sin que nos pudieran molestar, ni ellos ni su ruido.

-Es sencillamente impresionante.

-Apuesto a que nunca habías estado en un sitio así.

-Ganarías la apuesta- contesté mientras seguía mirando el lugar. Nos encontrábamos en una sala sin techo, gracias a eso podía ver las miles de estrellas en el cielo nocturno. Debía ser un truco, fuera no se veían ni la mitad.

-Me alegro de que te guste.- jugueteó un poco con sus dedos índice y corazón para después volver a mirarme- ¿Vas acostumbrándote a todo esto?

-Eso creo…

-Me gustaría decirte que te entiendo pero tampoco quiero mentirte.

-¿Siempre has sabido de tu condición?

-Sí- asintió como hablando de lo más natural y normal del mundo- no sé si decir por suerte o por desgracia. – se le veía realmente compungido. Yo me quejaba del giro brusco que mi vida había dado pero tal vez él lo había pasado peor que yo durante un período aún más extenso. Quizá yo no era quién para quejarme de mi vida.- ¿Tú qué opinas?- su pregunta me pilló por sorpresa. Quizá porque no me la esperaba por el contexto o quizá porque hacía mucho tiempo que alguien no se interesaba en lo que yo pensara.

-No lo sé… creo… que todo tiene su lado bueno y su lado malo.

-¿Tiendes a anclarte en el malo?- su mirada, su voz, todo en él era cada vez más intenso.

-Procuro no hacerlo.

-Yo hace tiempo que dejé de intentarlo- contestó bufando y volviéndose hacia atrás, rompiendo esa cercanía que hasta hace escasos segundos me abrasaba.- Sé que hago mal pero ya me es instintivo.

-¿Sabes que se dice que así solo se atrae a lo malo?- reprendí, intentando hacerle cambiar de opinión, cosa que dudaba, ya que más de una persona me había hablado de su profunda cabezonería.

-No creo que eso sea cierto. Es más, estoy convencido de que no es así.

-¿Qué es lo que te hace ser tan contundente?- cuestioné picada por la curiosidad.

-Que por fin he dado contigo y te tengo a mi lado…- una sonrisa se dibujó automáticamente en mi rostro. Eso significaba que le gustaba que estuviera con él y a mí ese hecho me encantaba. Estaba siendo uno de los mejores momentos de mi vida, me sentía cómoda y a gusto, además de otra extraña sensación que no me resultaba desagradable. Pero, para variar, todo se iba al traste. De la sala contigua empezaron a llegar, alertándonos enseguida.– Mierda…

-¿Qué se supone que está pasando?- cuestioné levantándome a la vez que él con la voz llena de miedo. Miré a través de la puerta y vi varias figuras moverse entre el gentío, que corría y huía asustado, mientras que los compañeros de Ji intentaban abatirlos. En un momento determinado uno de ellos se giró hacia donde nosotros estábamos y otra vez ese rostro. Volví a quedarme pálida. Ese rostro casi descompuesto, desencajado y lleno de ira asesina. Ji empezó a ponerse tenso y cogió mi brazo para acercarme a él y de esa manera poder protegerme, cosa que no me gustó nada, no en si por el gesto, sino porque sabía lo que significaba.

-Creo que vienen a por ti.- Sí, justo como pensaba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario