jueves, 15 de mayo de 2014

11. eхтraño мι мonóтona vιda

Me encontraba de nuevo en la habitación de aquel extraño hotel con Ji. Estaba sentada en la cama, con las piernas encogidas y la espalda apoyada en la pared. Él me miraba apoyado en el escritorio. Yo tan solo podía pensar en la cara desfigurada de aquel horrible ser que había visto en el instituto, del cual Ji me había casi obligado a abandonar. De nuevo faltando a clases… aunque supongo que ahora ese era el último de mis problemas.

-¿Qué era eso?-me atreví a preguntar alzando la mirada hacia él.

-Un oscuro.

-Pero… era… era mucho peor que los que haya podido ver hasta ahora. Nunca me habían provocado un susto como el de hoy.

-Creo… - se alejó del escritorio hasta llegar a la cama y sentarse frente a mí- creo que estás empezando a atraer a seres más oscuros que hasta ahora.

-¿Y eso por qué? Yo no he hecho nada- volví a sollozar como una niña pequeña. Estaba muerta de miedo.

-Tus dones hasta ahora inactivos están empezando a acrecentarse y eso atrae a fuerzas más poderosas, tanto luminosas como oscuras. – bufé y escondí la cabeza entre mis piernas.

-Yo no quiero esto…-volví a sollozar.

-Sé que te lo he dicho varias veces, pero no voy a dejar que te pase nada-volví a subir mi cabeza para encontrarme con su penetrante mirada. En realidad, hoy había llegado en segundos después de la peculiar visita que he tenido en el instituto, eso no se puede negar. Aunque todavía no sabía exactamente por qué, mi cabeza me decía que podía confiar en él, que quería confiar en él.

-No sé cómo voy a poder con esto. –dije sinceramente.

-Sé que dentro de ti está la valentía necesaria para enfrentarte a esto _____, voy a ayudarte con esto.- me mordí el labio. Nervios, miedo, desconfianza en mí misma… todo en compendio dentro de mi cabeza. Qué horror.

~

Siguiendo las órdenes de su superior y guiado por el miedo, Dan había localizado el paradero hasta entonces secreto de ______. Estaba justo en la boca del callejón, en una de sus esquinas, dubitativo, pensando en si seguir avanzando más o no. Sabía perfectamente el riesgo que correría en el caso de que se aventurara a acercarse ahí, no era bien recibido, ni él ni nadie como él. Si se acercaba más lo que sucedería sería que Ji notaría su presencia y entonces sabría que tenía una nueva misión a la que el rubio pondría fin sin dudarlo si quiera. Tenía que existir otra manera más cauta de acercarse a ella y él estaba dispuesto a encontrarla.

~

Había amanecido de nuevo en aquel tranquilo y extraño lugar. Estaba preparando la mochila para el día de hoy, aunque me costaba afrontar la idea de volver a esos pasillos donde había tenido la visión más horrible jamás imaginada.

-¿Preparándote para ir a clase?- me sobresalté y giré para encontrarme con Ji. - Vaya...

-¿Qué quieres decir con ese "vaya"?-pregunté dejando caer la mochila sobre la cama.

-Tenía pensado un plan mejor, pero veo que no te apetece demasiado.

-Sorpréndeme.

-Pensé que alomejor te hacía ilusión conocer a tus padres. - el corazón me dio un vuelco mientras sonreía llena de ilusión. Verles... por fin.

10. No Ha Sido Nada...

-¿Estás segura?- lo que menos me apetecía era faltar a clase. Tal vez sonaba algo masoquista pero asistir al instituto era algo de mi rutina, y ya la echaba de menos.

-Sí Ji, tranquilo- hablaba sin mirarle, ya que tampoco me parecía demasiado adecuado ponerse a hablar con él cuando nadie más podía verle. Suficiente tenía ya, además de un lío monumental en la cabeza.

-¡_____!- Ana se acercó corriendo a mí para abrazarme. Tras ella, venía Maica, quién me sonrió y guiñó un ojo. Necesitaba tener una seria conversación con la rubia, ella también debía proporcionarme respuestas. -¿Cómo estás? Ayer me preocupé al ver que no volvías después del recreo.

-Sí eh…-miré de reojo a Ji- me salió algo inesperado.

-¿Y qué te ha pasado en la mano?- La mano… claro.

-Se me escurrió un plato mientras lo fregaba y me corté al recoger los trozos. Ayer estaba algo… patosa.

-¿Pero estás bien?- vaya, sí que se preocupaba.

-Perfectamente, gracias.- Las tres nos giramos cuando escuchamos que la hermana de la castaña la llamaba.

-Lo siento chicas, Chris Hargensen* me reclama…-reímos ante su comentario.

-Tú y yo tenemos que hablar muy seriamente-le dije a la rubia.

-¿Por qué no le preguntas a él?- cuestionó mirando en dirección dónde estaba Ji.

-¿A quién?- cuestioné intentando disimular.

-_____ fui yo quien te dijo lo del anillo. Puedo verles, a los dos.

-Supongo que debo agradecerte que la convencieras- soltó Ji cruzándose de brazos.

-O eso o seguiría acribillándome a preguntas.

-Gracias por la parte que me toca… -susurré. El segundo timbre sonó, tan estridente como siempre.

-Dejo que te despidas- me comunicó la rubia- nos vemos en clase.

-Si pasa algo no tardaré en estar aquí- anunció el rubio mirando sobre mi cabeza para empezar a analizar a la gente que se encontraba en el aparcamiento.

-No creo que vaya a pasar mucha cosa, pero de acuerdo.

-Oye… - Taeyang quiso mi atención- ¿Quién era la castaña?- Ji sonrió mirando a otro lado, yo le miré confundida.

-Es Ana, una amiga.

-¿Humana?

-Sí Taeyang, es corriente y moliente-le comunicó el rubio mirándole e inclinándose un poco para alcanzar mejor su oído.

-Ya…- el moreno parecía abatido. ¿Podía ser que…?

~

Las dos primeras horas habían sido mortales, história y geografía. Por extraño que pareciese, hoy las había pillado con ganas, necesitaba hacer algo que pudiera hacer, ver, oír y entender todo el mundo, por muy aburrido que fuera.

El segundo timbre para asistir a la tercera clase ya había sonado y me encontraba sola en el pasillo, cogiendo el libro necesario. Cerré la taquilla y me giré, al hacerlo, me encontré de frente con el rostro más horroroso y terrorífico jamás imaginable. Estaba completamente desencajado y sus ojos no me decían nada bueno. Pegué un grito del susto y empecé a correr hasta llegar al pasillo de los baños, del cual salía Ana.

-¿_____?- no contesté, seguía temblando. Me apoyé en la pared deslizándome hacia abajo.- ¿Qué te pasa? Estás pálida- se preocupó agachándose a mi lado.

-Menos mal que no iba a pasar nada- escuché su voz a mi otro lado, me giré y ahí estaba Ji mirándome con sus ojos hermosos, llenos de preocupación, aunque a su manera.

-¿_____?-volvió a insistir Ana.

-No, tranquila…- respiré hondo, intentando mantener la compostura- No ha sido nada…

*Chris Hargensen: personaje de la novela “Carrie” de Stephen King.

9. Amenazas desconocidas

Un despacho oscuro con una pequeña lámpara de flexo como única iluminación. El haz de luz se veía invadido por el humo de un puro que descansaba sobre el cenicero de cristal transparente colocado entre el teléfono y el susodicho flexo. Frente al escritorio, centrada perfectamente está la butaca, ocupada por él, una persona temible y poderosa que no era precisamente conocida por sus escrúpulos y bondad.

-Así que… El joven Ji la ha encontrado… ¿No es así Dan?- al escuchar su nombre provenir de los labios de aquel hombre tragó saliva fuertemente. – Creía que te había encomendado algo tan sumamente simple que incluso tú podrías hacerlo… y vas y fallas- él rió, pero de una manera tan amarga que ambos sintieron un pequeño escalofrío en sus espaldas.- debería ordenar ahora mismo que se deshicieran de ti… pero hoy me has pillado de buenas- él suspiró- está claro que el rubio no va a apartarse de ______- dedujo juntando las puntas de sus dedos- pero también es algo evidente que la llevará a conocer a sus padres… me imagino el momento… creo que será demasiado empalagoso- se atrevió a bromear- Ahí es donde entras tú de nuevo Dan. Sígueles y dime dónde están escondidos sus padres y cómo debo entrar. Más te vale no fallarme esta vez, porque no volveré a ser indulgente contigo. –Dan salió de aquel oscuro y lúgubre despacho con la cabeza baja y sintiendo la soga que él le acababa de poner en el cuello.- Por lo menos tú has sabido averiguar quién es la que le ha proporcionado la ayuda… No eres ningún inútil Daesung, te tengo por uno de mis mejores…

-Gracias- dijo con una sonrisa de autosuficiencia- pero ha sido muy fácil. Solo dos personas se han acercado a ella, una es tan solo una humana normal y corriente así que no me fue demasiado complicado. –él volvió a sonreír, le gustaba el modo en el que hablaba de ellas. Las veía como algo inferior. Lo gracioso era que estaba equivocado, muy equivocado.

-¿La tienes vigilada?

-Por supuesto. Sé dónde vive, sus horarios, con quien se ve y deja de verse. No se me ha escapado ningún detalle.

-¿Y cómo es eso de que ella te ha visto varias veces?-preguntó algo más serio.

-Eso ha sido algo inevitable. Tiene un poder que no había visto nunca aunque… pienso que el que ella lo sepa le da un punto más angustioso e interesante.

-Sea como sea confío en ti Daesung, sé que tú no me defraudarás.

-Por supuesto que no.

-Y recuerda, si existe la más mínima posibilidad de acercarte a alguna de ellas, hazlo. Todo lo que sea por poder llegar a tener a _____ y sus padres en nuestras manos.

-No lo dude.

-Así me gusta. Ahora puedes marcharte. Confío en que harás un gran trabajo.

El chico salió de aquel edificio mientras se colocaba correctamente su chaqueta. Miró hacia el cielo, las nubes lo tenían casi encapotado. Era hora de irse a casa. Era tarde y él tenía muchas cosas que maquinar.

~

Él seguía en su enorme y oscuro despacho, ésta vez mirando una foto de la pequeña _____.

-Así que has vuelto… qué alegría _____... - Tenía varias fotos sobre aquel escritorio, todas de la pequeña. - Pronto volverás donde perteneces…

8. No es la primera vez que...



Maica estaba en su casa, una pequeña que había encontrado en las afueras a buen precio. Vivía sola pues sus padres no habían sabido aceptar la condición de su hija, igual que tampoco habían aceptado la de su tío, el hermano de su madre, de quien ella sacó sus dones y al que ni si quiera conoce. Cogió la taza de té que acababa de prepararse y se acercó a las puertascorredizas de cristal que daban a un pequeño jardín, mas no las abrió ya que el frío empezaba a hacerse más vigente cada día.

Con su taza azul accua en la mano se quedó enfrente de la puerta, mirando el exterior y las pequeñas estrellas que adornaban el cielo podían apreciarse en aquella zona lejos de la contaminación automovilística.

En un momento dado, y de nuevo, vio a aquel chico entre los arbustos de su pequeño jardín. El modo en que la miraba la puso fúrica. La estaba retando, y le divertía hacerlo, su sonrisa lo denotaba. La rubia enseguida dejó su taza en una mesa cercana y abrió la puerta de par en par para salir, pero allí ya no había nadie.

-No me dan miedo las ratas como tú- escupió, sabiendo que él la estaba oyendo.

~

Un parque muy verde, una niña pequeña jugando con su pequeño vestido moviéndose al son del viento, un lanzamiento lejano con muy mala trayectoria, un chico rubio que detuvo esa pelota justo antes de que me golpeara y que me miró con sus ojos imponentes. De golpe un hombre lo tergiversa todo, coge un bolandas a la niña y se la lleva mientras esta llora desesperada pidiendo volver con sus padres.

Me desperté sobresaltada, sentándome de golpe en la cama, encontrándome con Ji sentado en la misma cama frente a mí. Gracias a mi sobresalto habíamos quedado cerca, a una proximidad que me ponía los vellos de punta.

-Lamento mucho el susto-dijo con una sonrisa torcida.- pero te veía muy inquieta. ¿Soñabas?

-Recordaba- le corregí. Aunque la parte del angustioso secuestro sí era producto de mi imaginación ahora atormentada – Te conozco de antes ¿verdad? Esta no es la primera vez que nos vemos.

-Desde luego soñabas.

-¿No eres tú el chico que paró una pelota que iba directa a mí cuando yo era pequeña? En un parque cercano a mi casa, cuando yo aún tenía a mis padres a mi lado.

-Impresionante…-de nuevo esa sonrisa torcida.- Recuerdas la primera vez que me viste.

-¿Has estado tras de mí siempre?

-No tras de ti. Eso suena verdaderamente mal- puso una mueca mientras se alejaba un par de centímetros- simplemente cuidaba de ti. Al menos hasta que Dan te llevó con él y borró de ti todo lo que pudiera ser identificable.- suspiré. ¿Cómo podía haber estado todos estos años sin saber nada de la verdad? Ahora que me lo estaban empezando a esclarecer todo me daba cuenta de que había sido una mentira de lo más absurda y estúpida. – Ahora será mejor que descanses.

-¿Y qué pasará mañana?-cuestioné cuando él estaba llegando a la puerta de la habitación en la que me encontraba.

-Tú tranquila. Confía en mí.- Que harta estaba de esa frase.

-¿Cómo quieres que confíe en ti?- le cuestioné de nuevo pero esta vez levantándome de la cama, algo ofuscada sinceramente. - ¿Cómo quieres que confíe en una persona, el nombre de la cual, me he de enterar por otra persona? – él suspiró y volvió a acercarse a mí.

-No lo he hecho porque el nombre, para mí, es algo superfluo. ¿El nombre define a una persona? No, un nombre no es nada, no define a las personas. A una persona la definen sus actos y sus palabras. En el mundo en el que acabas de descubrir que estás, es algo peligroso dar el nombre, a no ser que tengas a alguien que te cuide. Así que tú puedes dar tu nombre tranquilamente.- suspiré yo esta vez y le miré, desconfiada.- Voy a demostrarte que puedes confiar en mí. Me lo voy a poner como un reto- dijo sonriendo, a su manera.- ¿Me vas a dejar?

-Por mí puedes empezar mañana mismo.

-Buenas noches- depositó un suave beso en mi frente antes de salir de la habitación. Su comportamiento me echaba para atrás pero por algún extraño motivo quería dejarle estar conmigo

7. Golpes de memoria

-¿Dónde estamos?- cuestioné al llegar a un callejón y quedar delante de un edificio de dudoso aspecto.

-No te dejes llevar por las apariencias. Este es el mejor lugar al podía traerte.- Me quedé en el sitio. Ya no sabía que creer y que no, todo era tan extraño- ¿Confías en mí o no?- ¿Podía o debía confiar en él? A estas alturas y no sabía ni su nombre.

-Supongo que sí.- dije volviendo a repasar la desgastada y roñosa fachada de aquella estructura casi ruinosa. El rubio se acercó a uno de los dos contenedores que había en aquel callejón y lo apartó para dejarme ver una puerta que había ahí, prometedor… Él me miró, leyéndome el pensamiento y sonrió. Abrió la puerta y extendió uno de sus brazos, dándome la señal para que entrara. Me asomé a ella antes de entrar con la esperanza de atisbar algo pero solo vi negro. Le miré, él me hizo un movimiento con la cabeza para luego mirar mi mano. Ésta seguía escociendo y doliendo, sería mejor entrar si no quería que me la tuvieran que amputar por gangrena…

Caminé unos metros, pocos eso sí, en una oscuridad total. De repente, sin que yo pudiera esperármelo, una luz cálida y anaranjada me cegó por completo, obligándome a cerrar los ojos. Cuando volví a abrirlos me encontraba en el hall de lo que parecía ser un agradable hotel. Se trataba de una sala redonda, con las paredes decoradas y recubiertas con un llamativo papel pintado rojo con detalles dorados. Había un piso superior, al cual se accedía a través de una escalera de caracol muy curiosa, ya que era parte de la decoración de las paredes, es decir, estaba pegada a la pared, rodeando toda la sala.

-_____-me giré cuando me llamó- ve con ella, te curará la mano.- al lado de él estaba una chica pelirroja, con una cabellera lisa recogida en una coleta alta y vestida con una bata como las de los médicos, solo que negra. Me sonrió y empezamos a caminar hacia una sala a la cual se accedía por un pasillo lleno de cuadros que veía desde donde estábamos.- Te veré cuando salgas.

~

-Pues ya está lista. Menudo corte te has ido a hacer chica. Espero que tengas más cuidado la próxima vez. Aunque creo que estando al cuidado de Ji poco tengo que preocuparme- le miré sin entender- Ji, el rubio de ahí fuera. ¿No sabías ni como se llamaba? –negué con la cabeza algo avergonzada.- No te preocupes, él es así. Hay gente que ha pasado tiempo con él sin saber su nombre.

-¿Y por qué es así?

-No lo sé. Nunca nos cuenta nada.

-Oh…

-Bueno será mejor que salgas o se preocupará.

-Gracias eh…

-Angelique.

-Gracias Angelique.- ambas sonreímos y yo me dirigí hacia fuera. Al abrir la puerta me encontré con Ji justo delante, pero dándome la espalda. Hablaba con otro chico, era de piel al bronceada y de cabello oscuro e iba vestido con unos vaqueros y una camisa blanca, realzando así su tono acaramelado. Al escuchar la puerta, Ji tardó pocos segundos en girarse hacia mí. La mirada que me dirigió, por algún motivo me trajo recuerdos, sobre todo uno de mí misma en un parque cuando aún era una cría. Me sentí como si ese recuerdo me hubiera golpeado la cabeza ya que me mareé y casi caí al suelo, de no ser porque él me sostuvo.

-Eh, ¿estás bien?-preguntó él apoyando mi espalda en su pierna y cogiendo mi rostro con sus manos.

-Sí… solo… solo algo mareada.

-Creo que deberías llevarla a que se acueste un poco- comentó el moreno.

-¿Te importa a ti avisar a Edgar?

-Yo me encargo, no te preocupes.

-Gracias Taeyang- el moreno se marchó por el pasillo.

-Vamos. Necesitas un buen descanso.- intenté levantarme, bueno, tenía la intención de hacerlo cuando Ji me cogió en brazos para llevarme de vuelta a aquella sala y empezar a subir aquellas rizadas escaleras hacia alguno de los dormitorios. Antes de llegar a entrar por cualquier puerta caí rendida.
 

6. Coctel Molotov

La primera maleta que encontré fue la que cogí para empezar a meter toda mi ropa y pertenencias casi lanzándolas dentro. La rabia guiaba mis movimientos. Las lágrimas habían empezado a caer minutos atrás. Había estado engañada y ciega durante tanto tiempo. ¿Cuántas noches me había pasado horas llorando y deseando que todo esto terminara? ¿Cuántas veces había pensado que estaba loca? Tantas mentiras, tantas lágrimas siempre acompañadas de llantos lastimeros, tanto sufrimiento pasado en vano por una mentira de alguien que ni si quiera era quien decía ser. Había vivido engañada todo este tiempo. ¿Por qué le he estado creyendo? Siempre he sabido que lo que veía era real, que no podían ser invenciones mías pero por algún extraño motivo creía las palabras de Dan, por el simple hecho de creer también quien decía ser y esos falsos y vacíos “eres mi prima y te quiero”. ¿¡Cómo he podido estar tan ciega!?

Salí a la sala de estar apoyándome en la pared, las lágrimas no me dejaban ver nada y los sollozos no me ayudaban a mantenerme en pie. Apreté la mandíbula. Puse la mano en la mesa que tenía más cerca y con un fuerte impulso la levanté y lancé. Creo que perdí la conciencia de lo que hacía. Tan solo me encargaba de arroyar mi ira contra todo lo que encontrase, el sofá, los cuadros, las estanterías… cualquier cosa. Solo necesitaba romper algo, del mismo modo que Dan se había encargado de romper, quebrar y destrozar mi vida hasta hacerme a mí misma convertirla en un mismo infierno.

-¡Te odio, te odio, te odio!- en un momento dado tiré uno de los jarrones de vidrio que decoraban el mueble de detrás del sillón, al lanzarlo contra el suelo algunos de los pedazos volaron hacia mí, uno de ellos cortándome levemente en la mano.

Lo siguiente que sentí es un abrazo de lo más reconfortante. Me di cuenta enseguida que se trataba del rubio, tenía un algo que me tranquilizaba, menos cuando me miraba directamente a los ojos.

-Tranquila…- mis manos estaban en su pecho, aunque no apoyadas, estaban reacias a ello. Yo tan solo sollozaba. Si no fuera porque él me estaba sosteniendo ya estaría en el suelo- Mira lo que te has hecho en la mano… -se asombró separándose de mí y cogiéndome la mano sangrante entre las suyas.- Espera aquí- fue en dirección al baño. Me quité las lágrimas de los ojos antes de que volviera con una toalla visiblemente húmeda. Sentí un profundo escozor cuando la puso sobre mi mano, tiñendo parte de la toalla enseguida. – Será mejor que te saque de aquí en cuanto antes- cogió él la maleta y salimos de aquel funesto apartamento que esperaba no volver a pisar nunca.

~

La rubia se encontraba saliendo del instituto, se paró un segundo antes de bajar las escaleras y sonrió. Sí, había salido bien. Lo sabía, lo notaba e intuía.

-¡Maica!-escuchó su nombre a sus espaldas y vio a Ana corriendo hacia ella- ¿Sabes qué ha sido de ____? Es raro que se haya saltado las clases.

-Oh no te preocupes por ella. Está en buena compañía, ya verás cómo mañana vuelve por aquí.

-¿Te importa si voy contigo?

-¡Claro que no! Vámonos a casa- la rubia posó su mano en la espalda de la castaña. Algo más atrás vio a otro chico que no le hizo sentir demasiado cómoda, era un chico de rasgos duros y mirada oscura y penetrante, uno que, seguro que no era demasiado bueno, lo podía ver y sentir desde donde estaba. Por primera vez en su vida, una de esas personas la hacía sentir intimidada, pero no iba a dejar que se notara, ella era alguien mucho más fuerte que cualquiera de ellos, no podía dejarse intimidar por nadie.

5. No puedes huir de la realidad que te enveulve

Él se había quedado mirándome, buscando las palabras adecuadas creo.

-Eres… eres un ser luminoso, algo… algo completamente desconocido, pero has sido corrompido, de ahí que también puedas ver a los seres oscuros.

-Disculpa pero no entiendo nada...- negué con la cabeza- ¿Cómo voy a ser yo un ser… un ser luminoso? No tengo nada de especial.

-¿Ves cosas que nadie más puede cada día y dices que no eres especial? ¿Cuál es tu definición para esa palabra entonces? Me carcome la curiosidad. –por lo visto era seguidor del sarcasmo.

-La gente dice que estoy loca… ¿Eso es ser especial?

-Ellos son unos ignorantes que desconocen todo lo que tienen a su alrededor simplemente porque no pueden observarlo como tú. Tus padres y sus grandes dones, evidentemente de tal palo… tal astilla.

-¿Qué sabes tú de mis padres?

-¿Qué no se yo de tus padres y de ti?-preguntó echándose hacia adelante como yo había hecho.- Fueron grandes fundadores de lo que es hoy en día… “nuestro hogar”- sonrió al hacer las comillas en el aire.- Incluso hoy en día son de vital importancia.

-Esto no tiene ninguna gracia- solté levantándome del columpio embravecida.- ¡Mis padres murieron hace años! ¡Déjate ya de historias! Está claro que no soy la persona que estás buscando.

-Que Dan sea muy convincente no significa que todo lo que dice sea verdad. Ni si quiera es tu primo… y él no quería que te lo pusieras- su mirada fue a mi anillo, seguida de la mía- porque gracias a eso te he reconocido y mi entrada en tu vida, es lo último que ellos desean.

-¿Ellos?

-Evidentemente tu “querido primo” trabaja para alguien. No es tan inteligente como para montar todo esto él solo.

-¿Ahora hay un todo esto? ¿Por qué se supone que no debes encontrarme?

-Tus padres deben vivir protegidos, ellos y todo lo que les respecta tú incluida. Son muy poderosos pero por desgracia, el vivir tan alejados de todo les está debilitando, si salen de donde están podrían destruirlos en cero coma.

-No… no…-puse una mano en mi frente para echar mi cabello hacia atrás después- esto no está pasando. ¿Cómo sé que no es una broma de mal gusto?

-No hay público que pueda reírla ¿no? Pero…-se acercó a mí y dio una vuelta, observándome desde todos los ángulos, incomodándome.- pero si quieres pruebas más creíbles… estoy seguro de que tus ojos ya han empezado a comunicarte el cambio que estás sufriendo. –me sorprendí al escuchar esas palabras, puede… puede que no fuera ninguna broma, que realmente sucediera algo interesante e importante conmigo.- ¿Me crees ahora?- no podía decir nada. Estaba saturada de información y me daba la impresión de que no era la última que iba a recibir.- Lo que tengo que hacer ahora es sacarte de casa de Dan. Ve y recoge todas tus cosas, cuando estés lista nos iremos- ¿Así, sin más? Esto no podía ser cierto. Una vida como la mía no podía dar un giro tan brusco en tan poco tiempo. Bajé mi cabeza, aturdida, exhausta de todo.- No puedes huir de tu realidad- dijo susurrando en mi oído, haciendo que me estremeciera.

-No puedo hacerlo- levanté mi cabeza para encararle pero él ya no estaba allí conmigo. Estábamos yo y todas las preguntas que aparecían en mi cabeza nuevamente, creando un tornado que arrasaba con todo. ¿Qué debía hacer? ¿Volver a clase y hacer como si nada hubiera pasado o hacer lo que él me había dicho y creer todas y cada una de las palabras que había dicho? Apreté mis puños con ira contenida. Todos estos años… tanto tiempo… sintiéndome sola y siendo traicionada, soportando una pesada venda ante los ojos que no me dejaba creer lo que veía, que me decía que todo eran imaginaciones mías…

Era hora de deshacerse de esa venda...

4. Soy a quien has estado esperando

Decidí acabar rápido con mi café, pagarlo y salir de allí a algún lugar donde pudiera hablar con ese chico sin que nadie me tomara por una loca. A esas horas, la desolada zona infantil del parque medio escondida entre unos altos y aromáticos pinos era el lugar perfecto.

-¿Cuánto hace que los ves?- me cuestionó mientras me sentaba en uno de los columpios. ¿Enserio? Creo que la que necesitaba aquí las respuestas era yo.

-Desde que tengo memoria- respondí- ¿Te importa si te pregunto yo a ti? Necesito respuestas desesperadamente.

-Adelante- respondió algo indiferente. Vale, no sabía por dónde empezar, así que escupí lo primero que se me ocurrió

- ¿Quién eres? –algo evidente pero es un comienzo.

-¿Eres escéptica?

-Creo que después de todo lo que he visto y vivido no puedo serlo…-suspiré mirando hacia el cielo.

-Soy a quien has estado esperando toda tu vida. Digamos que… soy una especie de ángel de la guarda. Lo sé, suena ridículo y de cuento de hadas, pero es lo que soy.- Sinceramente no tenía pinta de ser un ángel de la guarda ni uno protector- Tuyo por supuesto.

-¿Y por qué tengo yo un ángel de la guarda?- pregunté entrecomillando esas últimas cuatro palabras.

-Porque lo necesitas.

-No creo necesitarlo- respondí apretando las cadenas del columpio entre mis manos y desviando mi mirada de la suya. Era demasiado intensa como para que pudiera aguantarla por mucho tiempo.

-Por lo visto no sabes nada sobre ti. Dan ha estado haciendo un buen trabajo…-comentó cínicamente.

-¿Qué tiene que ver Dan con todo esto?- salté a la defensiva de mi primo, aunque en realidad, ni sabía por qué.

-Esa pregunta está a otro nivel. ¿Por qué no sigues con lo simple? -¿Otro nivel? Todo esto sí que estaba a otro nivel para mí.

-¿Qué son “ellos”?- evidentemente me refería a aquellas “personas” que al parecer solo yo podía ver.

-Pueden ser todo tipo de seres. No creas que solo existen los humanos.

-¿A qué te refieres?-cuestioné volviendo a mirarle.

-Podemos decir que son seres creados de energía, algo así como… almas- asintió con convicción- sí, digamos que les podríamos llamar así. Si es que así puedes entenderlo mejor les llamaremos almas. Supongo que habrás notado que algunos habrán llegado a darte más miedo que otras. Los hay oscuros y luminosos y de los primeros conviene que te mantengas alejada- esto tenía que ser una broma de mal gusto.

-Eso es muy surrealista-dije a modo de queja.

-Esto es tu vida, por muy extraño que te parezca.

-¿Y qué tiene que ver esto- subí mi mano para que viera el anillo- en todo el asunto- él hizo un sonido similar al de los concursos cuando alguien contesta incorrectamente.

-Prueba con otra- rodé los ojos levemente.

-¿Por qué no puedes contestarme a esa clase de preguntas?- cuestioné con impaciencia.

-Sí puedo, lo que sucede es que no quiero. Estoy esperando a que hagas la pregunta clave. – creo que sabía cuál era esa pregunta.

-¿Qué o quién soy yo?- sonrió levemente y además de acertar, creo que el corazón me dio un vuelco. Este chico era demasiado intenso hiciese lo que hiciese. Se sentó en el columpio que tenía al lado y se tiró el cabello hacia atrás. Intenso, siempre intenso.

3. Accion Desencadenante

Miércoles, mitad de semana escolar. Me levanté sintiéndome algo extraña, no enferma, pero sí extraña.

Como cada mañana me dirijo al cuarto de baño, me lavo la cara y al mirarme al espejo, puedo ver en mis ojos como una pequeña explosión nace en la pupila y va extendiéndose por todo el iris. Me quedé asombrada y perpleja, jamás me había pasado algo así. Rápidamente me dirigí a Dan preocupada, pero él tan solo me contestó que no veía nada. Debería haberlo supuesto. ¿Qué me estaba pasando?

~

Nada más entrar en el recinto del instituto vi sentado en las escaleras de entrada a un chico completamente vestido de negro, cabello rubio con un poco de melena y con unos ojos muy oscuros que me hipnotizaron desde mi localización. Esos ojos. ¿Acaso era él la persona a la que yo llevaba viendo estos últimos días?

-Veo que me has hecho caso-me giré y tenía a Maica al lado, volví a girarme hacia las escaleras pero ese extraño chico ya no estaba allí.- ¿Lo has notado?

-Creo que necesito muchas respuestas.

-Pues yo no puedo dártelas- confesó, crispándome los nervios.- Antes de que te pongas a tirarme de los pelos te diré que si sigues llevando ese anillo no tardarás en obtener esas respuestas que tanto quieres.

-¿Quién?

-Tú tan solo espera. Está más cerca de lo que crees.-esta chica era todo un misterio en sí misma. Se fue caminando hacia la entrada del instituto mientras en mi mente solo se formulaban más preguntas.

~

Por fin la hora del recreo. Salí del instituto dispuesta a ir a la cafetería de siempre durante mi media hora de descanso. Me senté en la mesa, la que yo podría denominar como “mi mesa” ya que siempre me sentaba allí gracias a que el dueño del bar procuraba que ésta estuviera libre de once a once y media para mí. Era una mesa redonda, en una de las esquinas del bar, con dos pequeñas sillas acolchadas con un cojín rosa pastel.

Pedí mi café con leche, nata y chocolate y saqué mi libro de poesía. Digamos que me ayudaba a distraerme. Miré un momento por el ventanal con banco que tenía la cafetería y vi a uno de ellos al otro lado de la calle. Cara pálida, ojos muy abiertos y ni parpadeaba, además de que solo me miraba a mí. Bajé la mirada y la enterré en mi libro. Me decía a mí misma que no le hiciera caso, no levantes la mirada, no te muevas.

-Ya se ha ido.-subí la mirada del libro encontrándome de frente con él, el rubio misterioso de antes. –Puedes estar tranquila-se echó atrás en la silla, cruzando las piernas y mirándome con la cabeza un tanto ladeada.

-Aquí tienes tu café cielo-me dijo la mujer del dueño del bar, Agatha, dejándome el café sobre la mesa. Me quedé extrañada, ni tan solo había mirado al rubio. ¿No le iba a tomar nota?

-No puede verme-soltó dándome la respuesta.

-¿Perdón? ¿De qué me estás hablando?

-Mira al hombre que tienes al lado-lo hice, me miraba como si estuviera loca- ¿Lo ves? No pueden verme. Solo tú.

2. Tu Eres Como Yo, Yo Soy Como Tu


El día de hoy estaba siendo tan extraño como el de ayer, excepto por Dan, que seguía comportándose como un hermano excesivamente sobre protector, cada día odio más esa faceta.

Al llegar a primera hora a clase de geografía, Ana me había guardado un sitio a su lado. Pude ver las miradas llenas de sorpresa en nosotras, más aún la de su hermana mayor, que se juntaba con el asco y el desagrado. Incluso el profesor se sorprendió cuando entró en la clase. No me extraña, no era demasiado usual ver a la rara marginada de la escuela socializando con alguien.

Llevábamos tan solo unos pocos minutos de clase cuando llamaron a la puerta. Ésta se abrió dejando paso a una chica rubia de intensos ojos grisáceos que no tardaron en posarse sobre mí, intimidándome por completo.

-Oh…-el profesor Barrell empezó a buscar la lista de los alumnos- tú debes ser la nueva, Maica Scott ¿Cierto? – la rubia tan solo asintió- pues ya puedes tomar asiento.- ella no dijo ni una sola palabra, tan solo se dirigió a uno de los asientos vacíos de una de las primeras filas.

-Pues no parece que sea como los demás-susurró Ana en mi oído.

-No, desde luego- contesté mientras aún notaba la mirada de la rubia sobre mí.

~

La segunda hora se trataba de una optativa poco concurrida, una de las cosas que más me gustaban de esa clase, poca gente y tranquilidad. Cogí el libro de la susodicha clase y dejé el de la anterior justo antes de que alguien me agarrara del brazo. Me giré y encontré con Maica.

-No me equivocaba-dijo al soltarme el brazo.

-¿Perdón?

-¿No lo has notado?

-¿Qué se supone que debería haber notado?

-Vaya así que no lo sabes

-¿Me puedes decir qué se supone que debo saber?

-No- la miré sin entender- no me malinterpretes-sonrió- no es que no quiera es que no puedo.

-¿Y tengo que quedarme en ascuas?

-No, en eso puedo ayudarte-cogió de la tela de mi mochila y tiró hacia ella para poder abrir el bolsillo pequeño, rebuscar en él y sacar mi anillo- perfecto- soltó tras echarle una ojeada. ¿Cómo sabía que llevaba el anillo en la mochila?- Póntelo y no te lo quites para nada.

-No puedo…-dije acordándome de Dan.

-Oh sí, claro que puedes créeme-me contradijo. Empezó a caminar pero se detuvo a los dos pasos- y recuerda yo soy como tú y tú eres como yo- confesó y empezó a caminar para alejarse de mí. Ahora sí que no entendía nada.

Miré el anillo. ¿Era una buena idea? ¿Podía fiarme de ella? Y sobre todo ¿Qué es eso que ella sabe sobre mí y yo no? No entendía nada de lo que estaba pasando, claro que si quería entenderlo solo tenía que ponerme el anillo ¿no?

~

Llegué al apartamento que compartía con Dan y nada más entrar por la puerta empezaron los reproches.

-¿Qué haces con eso puesto?

- Buenas tardes a ti también Dan

- Quítatelo- oración imperativa. ¿Acaso tenía elección?

-No- vaya, por lo visto sí lo tenía.

-¿Cómo qué no?

-Es tan solo un anillo Dan, lo único que me queda de mis padres, no quieras arrebatármelo- él tan solo me dio la espalda. Supuse que podía anotarme un punto.

1. La Chica Que Habla Sola...


-¡Vamos _____, vas a llegar tarde!

Mi primo Dan y sus prisas…

-Ya voy…-le contesté apenas sin ganas. Le quería y él había hecho muchísimo por mí pero a veces era capaz de agotarme incluso a primera hora de la mañana.

Miré mi mesilla de noche, donde descansaba el anillo de mis padres que mi abuela me regaló poco antes de morir ella y el que, no sé por qué, Dan no soporta que lleve. Lo cogí y metí en el bolsillo pequeño de mi mochila. Puede que parezca una tontería pero me sentía mejor si lo llevaba conmigo.

Salí de mi habitación con la mochila al hombro. Para variar un poco Dan me estaba esperando en la puerta, con la susodicha abierta claro.

Durante el trayecto en coche, vuelvo a verlos y sé que ellos me ven a mí, es como si me atravesaran. Me encantaría poder decírselo a Dan y apoyarme en él, pero sé lo quemado que está con este tema y que de nada serviría, pues me diría lo mismo de siempre, “todo eso está solo en tu cabeza”.

Al llegar al instituto y salir del coche vuelvo a ser la cabeza de turco. Todas las miradas burlonas y los cuchicheos van dirigidos a mí, “la chica rara que habla sola”. Intento hacer caso omiso, casi lo tengo asumido, ya que siempre ha sido así.

Historia del arte a primera hora, no puedo quejarme. Mientras cogía el libro correspondiente y su libreta bajé un momento la vista y vi unos pies vestidos con unas botas negras llenas de correas de cuero y unos pantalones del mismo color. No podía verle la cara, puesto que mi taquilla le tapaba el torso y la cara, pero seguramente era una de las muchas sanguijuelas de este colegio con ganas de reírse así que cerré mi taquilla esperando a recibir sus afiladas palabras. Para mi sorpresa, tras de mi taquilla no había nadie.

-¡Hola!- me sobresalté al escuchar una voz a mi otro lado. Me giré y encontré con Ana, una de las pocas personas humanas de este infesto lugar.

-Hola… -igualmente no podía fiarme de nadie.

-¿Qué tal?

-¿Vienes a hablar conmigo? Déjame adivinar, esto es cosa de tu hermana Dianne.

-Yo no hago algo por ella ni aunque me paguen- cierto era que ambas eran como el agua y el aceite. -¿Te has enterado? Mañana llega una chica nueva.

-Pues espero que no sea otro burro más-comenté mirando con desprecio a quienes nos rodeaban. Ella sonrió mientras sonaba el timbre- Bueno- dije con tono de dar por finalizada esa charla- tengo que ir a clase.

-Tienes historia del arte ¿verdad?- asentí- ¿Te importa si te acompaño?- Qué Lunes más raro estaba siendo éste.

-Supongo que no…-ella volvió a sonreír mientras nos encaminábamos hacia clase.

No solo yo notaba la rareza de la situación, todo el mundo que nos veía por el pasillo se percataba. Ana iba hablándome pero no podía concentrarme demasiado en sus palabras, el desconcierto me podía.

~

-Bueno, nos vemos mañana ¿No?- Ana se había pasado todo el día conmigo. En serio, en todo esto había algo raro.

-Sí, claro. Nos vemos mañana- acabé de bajar los escalones hacia la zona del aparcamiento donde estaba aparcado el coche de mi primo. Abrí la puerta del copiloto y entré.

-¿Quién es esa chica?

-Pues una compañera del instituto.

-¿Y por qué estaba contigo?

-¿Qué problema hay Dan?

-Sabes lo que opino de que te juntes con los demás.

-Claro, es mucho más fácil y cómodo que yo sea una marginada…-desde hace años Dan había dejado de ser mi primo para convertirse en un verdadero ogro.

Me apoyé en la ventanilla y dirigí mi mirada hacia el gentío de la entrada del instituto, donde unos ojos oscuros como la noche y una melena rubia me llamaron la atención, pero cuando fijé mi mirada, ya no estaban.

Sipnosis



____ Sinclair siempre supo que algo raro sucedía con ella.

Con cinco años su primo Dan le dio la fatal noticia de la muerte de sus padres, por suerte él la acogió en su casa.

La pequeña le contó todo lo que le sucedía cada día, pero su primo le dijo que todas aquellas cosas estaban en su cabeza, mas ella, con el tiempo, supo que aquellas cosas que veía, oía y sentía eran reales.

La madre de uno de sus escasos amigos, una mujer con dones especiales, sabía perfectamente lo que sucedía con aquella niña. Era un ser luminoso, no solo podía atraer espíritus, si no todo tipo de criaturas que la gente normal desconoce. Pero era una luz blanca en peligro, solo que no llegó a saber por qué.

Ahora ____ Sinclair tiene 17 años y está asistiendo al instituto, lo que para ella es un verdadero infierno. Sigue viviendo con Dan, sigue viendo personas y cosas que los demás no, no tiene amigos, es un bicho raro.

La situación no cambiará hasta la llegada de Ji Yong, alguien que dice ser “su ángel de la guarda” y que llegará para tergiversar el mundo de la joven por completo y destapar muchos secretos y mentiras