Decidí acabar rápido con mi café, pagarlo y salir de allí a algún lugar donde pudiera hablar con ese chico sin que nadie me tomara por una loca. A esas horas, la desolada zona infantil del parque medio escondida entre unos altos y aromáticos pinos era el lugar perfecto.
-¿Cuánto hace que los ves?- me cuestionó mientras me sentaba en uno de los columpios. ¿Enserio? Creo que la que necesitaba aquí las respuestas era yo.
-Desde que tengo memoria- respondí- ¿Te importa si te pregunto yo a ti? Necesito respuestas desesperadamente.
-Adelante- respondió algo indiferente. Vale, no sabía por dónde empezar, así que escupí lo primero que se me ocurrió
- ¿Quién eres? –algo evidente pero es un comienzo.
-¿Eres escéptica?
-Creo que después de todo lo que he visto y vivido no puedo serlo…-suspiré mirando hacia el cielo.
-Soy a quien has estado esperando toda tu vida. Digamos que… soy una especie de ángel de la guarda. Lo sé, suena ridículo y de cuento de hadas, pero es lo que soy.- Sinceramente no tenía pinta de ser un ángel de la guarda ni uno protector- Tuyo por supuesto.
-¿Y por qué tengo yo un ángel de la guarda?- pregunté entrecomillando esas últimas cuatro palabras.
-Porque lo necesitas.
-No creo necesitarlo- respondí apretando las cadenas del columpio entre mis manos y desviando mi mirada de la suya. Era demasiado intensa como para que pudiera aguantarla por mucho tiempo.
-Por lo visto no sabes nada sobre ti. Dan ha estado haciendo un buen trabajo…-comentó cínicamente.
-¿Qué tiene que ver Dan con todo esto?- salté a la defensiva de mi primo, aunque en realidad, ni sabía por qué.
-Esa pregunta está a otro nivel. ¿Por qué no sigues con lo simple? -¿Otro nivel? Todo esto sí que estaba a otro nivel para mí.
-¿Qué son “ellos”?- evidentemente me refería a aquellas “personas” que al parecer solo yo podía ver.
-Pueden ser todo tipo de seres. No creas que solo existen los humanos.
-¿A qué te refieres?-cuestioné volviendo a mirarle.
-Podemos decir que son seres creados de energía, algo así como… almas- asintió con convicción- sí, digamos que les podríamos llamar así. Si es que así puedes entenderlo mejor les llamaremos almas. Supongo que habrás notado que algunos habrán llegado a darte más miedo que otras. Los hay oscuros y luminosos y de los primeros conviene que te mantengas alejada- esto tenía que ser una broma de mal gusto.
-Eso es muy surrealista-dije a modo de queja.
-Esto es tu vida, por muy extraño que te parezca.
-¿Y qué tiene que ver esto- subí mi mano para que viera el anillo- en todo el asunto- él hizo un sonido similar al de los concursos cuando alguien contesta incorrectamente.
-Prueba con otra- rodé los ojos levemente.
-¿Por qué no puedes contestarme a esa clase de preguntas?- cuestioné con impaciencia.
-Sí puedo, lo que sucede es que no quiero. Estoy esperando a que hagas la pregunta clave. – creo que sabía cuál era esa pregunta.
-¿Qué o quién soy yo?- sonrió levemente y además de acertar, creo que el corazón me dio un vuelco. Este chico era demasiado intenso hiciese lo que hiciese. Se sentó en el columpio que tenía al lado y se tiró el cabello hacia atrás. Intenso, siempre intenso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario