-¿Dónde estamos?- cuestioné al llegar a un callejón y quedar delante de un edificio de dudoso aspecto.
-No te dejes llevar por las apariencias. Este es el mejor lugar al podía traerte.- Me quedé en el sitio. Ya no sabía que creer y que no, todo era tan extraño- ¿Confías en mí o no?- ¿Podía o debía confiar en él? A estas alturas y no sabía ni su nombre.
-Supongo que sí.- dije volviendo a repasar la desgastada y roñosa fachada de aquella estructura casi ruinosa. El rubio se acercó a uno de los dos contenedores que había en aquel callejón y lo apartó para dejarme ver una puerta que había ahí, prometedor… Él me miró, leyéndome el pensamiento y sonrió. Abrió la puerta y extendió uno de sus brazos, dándome la señal para que entrara. Me asomé a ella antes de entrar con la esperanza de atisbar algo pero solo vi negro. Le miré, él me hizo un movimiento con la cabeza para luego mirar mi mano. Ésta seguía escociendo y doliendo, sería mejor entrar si no quería que me la tuvieran que amputar por gangrena…
Caminé unos metros, pocos eso sí, en una oscuridad total. De repente, sin que yo pudiera esperármelo, una luz cálida y anaranjada me cegó por completo, obligándome a cerrar los ojos. Cuando volví a abrirlos me encontraba en el hall de lo que parecía ser un agradable hotel. Se trataba de una sala redonda, con las paredes decoradas y recubiertas con un llamativo papel pintado rojo con detalles dorados. Había un piso superior, al cual se accedía a través de una escalera de caracol muy curiosa, ya que era parte de la decoración de las paredes, es decir, estaba pegada a la pared, rodeando toda la sala.
-_____-me giré cuando me llamó- ve con ella, te curará la mano.- al lado de él estaba una chica pelirroja, con una cabellera lisa recogida en una coleta alta y vestida con una bata como las de los médicos, solo que negra. Me sonrió y empezamos a caminar hacia una sala a la cual se accedía por un pasillo lleno de cuadros que veía desde donde estábamos.- Te veré cuando salgas.
~
-Pues ya está lista. Menudo corte te has ido a hacer chica. Espero que tengas más cuidado la próxima vez. Aunque creo que estando al cuidado de Ji poco tengo que preocuparme- le miré sin entender- Ji, el rubio de ahí fuera. ¿No sabías ni como se llamaba? –negué con la cabeza algo avergonzada.- No te preocupes, él es así. Hay gente que ha pasado tiempo con él sin saber su nombre.
-¿Y por qué es así?
-No lo sé. Nunca nos cuenta nada.
-Oh…
-Bueno será mejor que salgas o se preocupará.
-Gracias eh…
-Angelique.
-Gracias Angelique.- ambas sonreímos y yo me dirigí hacia fuera. Al abrir la puerta me encontré con Ji justo delante, pero dándome la espalda. Hablaba con otro chico, era de piel al bronceada y de cabello oscuro e iba vestido con unos vaqueros y una camisa blanca, realzando así su tono acaramelado. Al escuchar la puerta, Ji tardó pocos segundos en girarse hacia mí. La mirada que me dirigió, por algún motivo me trajo recuerdos, sobre todo uno de mí misma en un parque cuando aún era una cría. Me sentí como si ese recuerdo me hubiera golpeado la cabeza ya que me mareé y casi caí al suelo, de no ser porque él me sostuvo.
-Eh, ¿estás bien?-preguntó él apoyando mi espalda en su pierna y cogiendo mi rostro con sus manos.
-Sí… solo… solo algo mareada.
-Creo que deberías llevarla a que se acueste un poco- comentó el moreno.
-¿Te importa a ti avisar a Edgar?
-Yo me encargo, no te preocupes.
-Gracias Taeyang- el moreno se marchó por el pasillo.
-Vamos. Necesitas un buen descanso.- intenté levantarme, bueno, tenía la intención de hacerlo cuando Ji me cogió en brazos para llevarme de vuelta a aquella sala y empezar a subir aquellas rizadas escaleras hacia alguno de los dormitorios. Antes de llegar a entrar por cualquier puerta caí rendida.
-No te dejes llevar por las apariencias. Este es el mejor lugar al podía traerte.- Me quedé en el sitio. Ya no sabía que creer y que no, todo era tan extraño- ¿Confías en mí o no?- ¿Podía o debía confiar en él? A estas alturas y no sabía ni su nombre.
-Supongo que sí.- dije volviendo a repasar la desgastada y roñosa fachada de aquella estructura casi ruinosa. El rubio se acercó a uno de los dos contenedores que había en aquel callejón y lo apartó para dejarme ver una puerta que había ahí, prometedor… Él me miró, leyéndome el pensamiento y sonrió. Abrió la puerta y extendió uno de sus brazos, dándome la señal para que entrara. Me asomé a ella antes de entrar con la esperanza de atisbar algo pero solo vi negro. Le miré, él me hizo un movimiento con la cabeza para luego mirar mi mano. Ésta seguía escociendo y doliendo, sería mejor entrar si no quería que me la tuvieran que amputar por gangrena…
Caminé unos metros, pocos eso sí, en una oscuridad total. De repente, sin que yo pudiera esperármelo, una luz cálida y anaranjada me cegó por completo, obligándome a cerrar los ojos. Cuando volví a abrirlos me encontraba en el hall de lo que parecía ser un agradable hotel. Se trataba de una sala redonda, con las paredes decoradas y recubiertas con un llamativo papel pintado rojo con detalles dorados. Había un piso superior, al cual se accedía a través de una escalera de caracol muy curiosa, ya que era parte de la decoración de las paredes, es decir, estaba pegada a la pared, rodeando toda la sala.
-_____-me giré cuando me llamó- ve con ella, te curará la mano.- al lado de él estaba una chica pelirroja, con una cabellera lisa recogida en una coleta alta y vestida con una bata como las de los médicos, solo que negra. Me sonrió y empezamos a caminar hacia una sala a la cual se accedía por un pasillo lleno de cuadros que veía desde donde estábamos.- Te veré cuando salgas.
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-Pues ya está lista. Menudo corte te has ido a hacer chica. Espero que tengas más cuidado la próxima vez. Aunque creo que estando al cuidado de Ji poco tengo que preocuparme- le miré sin entender- Ji, el rubio de ahí fuera. ¿No sabías ni como se llamaba? –negué con la cabeza algo avergonzada.- No te preocupes, él es así. Hay gente que ha pasado tiempo con él sin saber su nombre.
-¿Y por qué es así?
-No lo sé. Nunca nos cuenta nada.
-Oh…
-Bueno será mejor que salgas o se preocupará.
-Gracias eh…
-Angelique.
-Gracias Angelique.- ambas sonreímos y yo me dirigí hacia fuera. Al abrir la puerta me encontré con Ji justo delante, pero dándome la espalda. Hablaba con otro chico, era de piel al bronceada y de cabello oscuro e iba vestido con unos vaqueros y una camisa blanca, realzando así su tono acaramelado. Al escuchar la puerta, Ji tardó pocos segundos en girarse hacia mí. La mirada que me dirigió, por algún motivo me trajo recuerdos, sobre todo uno de mí misma en un parque cuando aún era una cría. Me sentí como si ese recuerdo me hubiera golpeado la cabeza ya que me mareé y casi caí al suelo, de no ser porque él me sostuvo.
-Eh, ¿estás bien?-preguntó él apoyando mi espalda en su pierna y cogiendo mi rostro con sus manos.
-Sí… solo… solo algo mareada.
-Creo que deberías llevarla a que se acueste un poco- comentó el moreno.
-¿Te importa a ti avisar a Edgar?
-Yo me encargo, no te preocupes.
-Gracias Taeyang- el moreno se marchó por el pasillo.
-Vamos. Necesitas un buen descanso.- intenté levantarme, bueno, tenía la intención de hacerlo cuando Ji me cogió en brazos para llevarme de vuelta a aquella sala y empezar a subir aquellas rizadas escaleras hacia alguno de los dormitorios. Antes de llegar a entrar por cualquier puerta caí rendida.

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