-¡Vamos _____, vas a llegar tarde!
Mi primo Dan y sus prisas…
-Ya voy…-le contesté apenas sin ganas. Le quería y él había hecho muchísimo por mí pero a veces era capaz de agotarme incluso a primera hora de la mañana.
Miré mi mesilla de noche, donde descansaba el anillo de mis padres que mi abuela me regaló poco antes de morir ella y el que, no sé por qué, Dan no soporta que lleve. Lo cogí y metí en el bolsillo pequeño de mi mochila. Puede que parezca una tontería pero me sentía mejor si lo llevaba conmigo.
Salí de mi habitación con la mochila al hombro. Para variar un poco Dan me estaba esperando en la puerta, con la susodicha abierta claro.
Durante el trayecto en coche, vuelvo a verlos y sé que ellos me ven a mí, es como si me atravesaran. Me encantaría poder decírselo a Dan y apoyarme en él, pero sé lo quemado que está con este tema y que de nada serviría, pues me diría lo mismo de siempre, “todo eso está solo en tu cabeza”.
Al llegar al instituto y salir del coche vuelvo a ser la cabeza de turco. Todas las miradas burlonas y los cuchicheos van dirigidos a mí, “la chica rara que habla sola”. Intento hacer caso omiso, casi lo tengo asumido, ya que siempre ha sido así.
Historia del arte a primera hora, no puedo quejarme. Mientras cogía el libro correspondiente y su libreta bajé un momento la vista y vi unos pies vestidos con unas botas negras llenas de correas de cuero y unos pantalones del mismo color. No podía verle la cara, puesto que mi taquilla le tapaba el torso y la cara, pero seguramente era una de las muchas sanguijuelas de este colegio con ganas de reírse así que cerré mi taquilla esperando a recibir sus afiladas palabras. Para mi sorpresa, tras de mi taquilla no había nadie.
-¡Hola!- me sobresalté al escuchar una voz a mi otro lado. Me giré y encontré con Ana, una de las pocas personas humanas de este infesto lugar.
-Hola… -igualmente no podía fiarme de nadie.
-¿Qué tal?
-¿Vienes a hablar conmigo? Déjame adivinar, esto es cosa de tu hermana Dianne.
-Yo no hago algo por ella ni aunque me paguen- cierto era que ambas eran como el agua y el aceite. -¿Te has enterado? Mañana llega una chica nueva.
-Pues espero que no sea otro burro más-comenté mirando con desprecio a quienes nos rodeaban. Ella sonrió mientras sonaba el timbre- Bueno- dije con tono de dar por finalizada esa charla- tengo que ir a clase.
-Tienes historia del arte ¿verdad?- asentí- ¿Te importa si te acompaño?- Qué Lunes más raro estaba siendo éste.
-Supongo que no…-ella volvió a sonreír mientras nos encaminábamos hacia clase.
No solo yo notaba la rareza de la situación, todo el mundo que nos veía por el pasillo se percataba. Ana iba hablándome pero no podía concentrarme demasiado en sus palabras, el desconcierto me podía.
~
-Bueno, nos vemos mañana ¿No?- Ana se había pasado todo el día conmigo. En serio, en todo esto había algo raro.
-Sí, claro. Nos vemos mañana- acabé de bajar los escalones hacia la zona del aparcamiento donde estaba aparcado el coche de mi primo. Abrí la puerta del copiloto y entré.
-¿Quién es esa chica?
-Pues una compañera del instituto.
-¿Y por qué estaba contigo?
-¿Qué problema hay Dan?
-Sabes lo que opino de que te juntes con los demás.
-Claro, es mucho más fácil y cómodo que yo sea una marginada…-desde hace años Dan había dejado de ser mi primo para convertirse en un verdadero ogro.
Me apoyé en la ventanilla y dirigí mi mirada hacia el gentío de la entrada del instituto, donde unos ojos oscuros como la noche y una melena rubia me llamaron la atención, pero cuando fijé mi mirada, ya no estaban.
Mi primo Dan y sus prisas…
-Ya voy…-le contesté apenas sin ganas. Le quería y él había hecho muchísimo por mí pero a veces era capaz de agotarme incluso a primera hora de la mañana.
Miré mi mesilla de noche, donde descansaba el anillo de mis padres que mi abuela me regaló poco antes de morir ella y el que, no sé por qué, Dan no soporta que lleve. Lo cogí y metí en el bolsillo pequeño de mi mochila. Puede que parezca una tontería pero me sentía mejor si lo llevaba conmigo.
Salí de mi habitación con la mochila al hombro. Para variar un poco Dan me estaba esperando en la puerta, con la susodicha abierta claro.
Durante el trayecto en coche, vuelvo a verlos y sé que ellos me ven a mí, es como si me atravesaran. Me encantaría poder decírselo a Dan y apoyarme en él, pero sé lo quemado que está con este tema y que de nada serviría, pues me diría lo mismo de siempre, “todo eso está solo en tu cabeza”.
Al llegar al instituto y salir del coche vuelvo a ser la cabeza de turco. Todas las miradas burlonas y los cuchicheos van dirigidos a mí, “la chica rara que habla sola”. Intento hacer caso omiso, casi lo tengo asumido, ya que siempre ha sido así.
Historia del arte a primera hora, no puedo quejarme. Mientras cogía el libro correspondiente y su libreta bajé un momento la vista y vi unos pies vestidos con unas botas negras llenas de correas de cuero y unos pantalones del mismo color. No podía verle la cara, puesto que mi taquilla le tapaba el torso y la cara, pero seguramente era una de las muchas sanguijuelas de este colegio con ganas de reírse así que cerré mi taquilla esperando a recibir sus afiladas palabras. Para mi sorpresa, tras de mi taquilla no había nadie.
-¡Hola!- me sobresalté al escuchar una voz a mi otro lado. Me giré y encontré con Ana, una de las pocas personas humanas de este infesto lugar.
-Hola… -igualmente no podía fiarme de nadie.
-¿Qué tal?
-¿Vienes a hablar conmigo? Déjame adivinar, esto es cosa de tu hermana Dianne.
-Yo no hago algo por ella ni aunque me paguen- cierto era que ambas eran como el agua y el aceite. -¿Te has enterado? Mañana llega una chica nueva.
-Pues espero que no sea otro burro más-comenté mirando con desprecio a quienes nos rodeaban. Ella sonrió mientras sonaba el timbre- Bueno- dije con tono de dar por finalizada esa charla- tengo que ir a clase.
-Tienes historia del arte ¿verdad?- asentí- ¿Te importa si te acompaño?- Qué Lunes más raro estaba siendo éste.
-Supongo que no…-ella volvió a sonreír mientras nos encaminábamos hacia clase.
No solo yo notaba la rareza de la situación, todo el mundo que nos veía por el pasillo se percataba. Ana iba hablándome pero no podía concentrarme demasiado en sus palabras, el desconcierto me podía.
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-Bueno, nos vemos mañana ¿No?- Ana se había pasado todo el día conmigo. En serio, en todo esto había algo raro.
-Sí, claro. Nos vemos mañana- acabé de bajar los escalones hacia la zona del aparcamiento donde estaba aparcado el coche de mi primo. Abrí la puerta del copiloto y entré.
-¿Quién es esa chica?
-Pues una compañera del instituto.
-¿Y por qué estaba contigo?
-¿Qué problema hay Dan?
-Sabes lo que opino de que te juntes con los demás.
-Claro, es mucho más fácil y cómodo que yo sea una marginada…-desde hace años Dan había dejado de ser mi primo para convertirse en un verdadero ogro.
Me apoyé en la ventanilla y dirigí mi mirada hacia el gentío de la entrada del instituto, donde unos ojos oscuros como la noche y una melena rubia me llamaron la atención, pero cuando fijé mi mirada, ya no estaban.

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