jueves, 15 de mayo de 2014

2. Tu Eres Como Yo, Yo Soy Como Tu


El día de hoy estaba siendo tan extraño como el de ayer, excepto por Dan, que seguía comportándose como un hermano excesivamente sobre protector, cada día odio más esa faceta.

Al llegar a primera hora a clase de geografía, Ana me había guardado un sitio a su lado. Pude ver las miradas llenas de sorpresa en nosotras, más aún la de su hermana mayor, que se juntaba con el asco y el desagrado. Incluso el profesor se sorprendió cuando entró en la clase. No me extraña, no era demasiado usual ver a la rara marginada de la escuela socializando con alguien.

Llevábamos tan solo unos pocos minutos de clase cuando llamaron a la puerta. Ésta se abrió dejando paso a una chica rubia de intensos ojos grisáceos que no tardaron en posarse sobre mí, intimidándome por completo.

-Oh…-el profesor Barrell empezó a buscar la lista de los alumnos- tú debes ser la nueva, Maica Scott ¿Cierto? – la rubia tan solo asintió- pues ya puedes tomar asiento.- ella no dijo ni una sola palabra, tan solo se dirigió a uno de los asientos vacíos de una de las primeras filas.

-Pues no parece que sea como los demás-susurró Ana en mi oído.

-No, desde luego- contesté mientras aún notaba la mirada de la rubia sobre mí.

~

La segunda hora se trataba de una optativa poco concurrida, una de las cosas que más me gustaban de esa clase, poca gente y tranquilidad. Cogí el libro de la susodicha clase y dejé el de la anterior justo antes de que alguien me agarrara del brazo. Me giré y encontré con Maica.

-No me equivocaba-dijo al soltarme el brazo.

-¿Perdón?

-¿No lo has notado?

-¿Qué se supone que debería haber notado?

-Vaya así que no lo sabes

-¿Me puedes decir qué se supone que debo saber?

-No- la miré sin entender- no me malinterpretes-sonrió- no es que no quiera es que no puedo.

-¿Y tengo que quedarme en ascuas?

-No, en eso puedo ayudarte-cogió de la tela de mi mochila y tiró hacia ella para poder abrir el bolsillo pequeño, rebuscar en él y sacar mi anillo- perfecto- soltó tras echarle una ojeada. ¿Cómo sabía que llevaba el anillo en la mochila?- Póntelo y no te lo quites para nada.

-No puedo…-dije acordándome de Dan.

-Oh sí, claro que puedes créeme-me contradijo. Empezó a caminar pero se detuvo a los dos pasos- y recuerda yo soy como tú y tú eres como yo- confesó y empezó a caminar para alejarse de mí. Ahora sí que no entendía nada.

Miré el anillo. ¿Era una buena idea? ¿Podía fiarme de ella? Y sobre todo ¿Qué es eso que ella sabe sobre mí y yo no? No entendía nada de lo que estaba pasando, claro que si quería entenderlo solo tenía que ponerme el anillo ¿no?

~

Llegué al apartamento que compartía con Dan y nada más entrar por la puerta empezaron los reproches.

-¿Qué haces con eso puesto?

- Buenas tardes a ti también Dan

- Quítatelo- oración imperativa. ¿Acaso tenía elección?

-No- vaya, por lo visto sí lo tenía.

-¿Cómo qué no?

-Es tan solo un anillo Dan, lo único que me queda de mis padres, no quieras arrebatármelo- él tan solo me dio la espalda. Supuse que podía anotarme un punto.

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